Los mecenas de Murillo en la Catedral de Sevilla: el poderoso Cabildo catedralicio (y II)

Murillo en la Catedral

A cuentas con la última oportunidad para realizar con nosotros la Visita Guiada a la Exposición La Mirada del Santidad, cerramos los dos episodios relativos a Murillo y su relación con el Cabildo.

El espacio donde el Cabildo catedralicio tomaba sus decisiones, la espectacular Sala Capitular de la Catedral de Sevilla, constituye una de las cumbres de la arquitectura española de la Edad Moderna. Diseñada por Hernán Ruiz II, el mismo arquitecto que crea el cuerpo de campanas de la Giralda, y construida por él y el maestro Asencio de Maeda entre 1558 y 1592, esta sala elíptica es además un claro espacio de representación de la cultura humanista de los capitulares hispalenses. Así, la solería, colocada en 1591, está inspirada en la que Miguel Ángel diseñó para la plaza del Capitolio de Roma, muestra de la  aspiración de los capitulares por tener un lugar de reunión con el aspecto de una verdadera Curia que poco tuviera que envidiar de la romana. Además, un programa iconográfico milimétricamente diseñado por el canónigo Francisco Pacheco, tío del pintor del mismo nombre, sirvió para decorar este espacio con un claro mensaje: la pretensión de que los canónigos tuvieran siempre presente en sus reuniones las claves de la Teología y las Sagradas Escrituras para una correcta y justa toma de decisiones, lo cual se materializa en los relieves realizados por Juan Bautista Vázquez el Viejo y Diego de Velasco. Todo ello se complementaría con los ocho tondos de santos sevillanos pintados por Pablo de Céspedes, un  pintor que había estado en Roma, que remiten a los modelos cercanos que los canónigos deberían imitar. Acogidos por todo este simbolismo, la forma de la sala genera una acústica que permite a los miembros del Cabildo sentarse en un banco corrido que bordea toda la Sala desde el cual verse y oírse con total comodidad.

Sala Capitular

A mediados del siglo XVII, las estancias capitulares, incluida esta Sala del Capítulo, empezaban a acusar el paso del tiempo. Un problema de goteras amenazaba con arruinar el detallado programa iconográfico del canónigo Pacheco, por lo que se hacían necesarios trabajos de restauración. Una vez arreglados los problemas arquitectónicos de la cubierta, se pasó a reparar las pinturas en el año 1667. Para ello se va contar con Murillo, un pintor que ya había trabajado en otro espacio emblemático de la Catedral, la Sacristía Mayor, para la que realizó los magnífico San Leandro y San Isidoro, encargo que en gran medida le había abierto las puertas a la clientela más selecta de la ciudad (para más información, ver entrada anterior del blog). De hecho, ya Murillo había colaborado con el que por ese año de 1667 era ya mayordomo de fábrica (“canónigo fabriquero”) de la Catedral, su amigo y vecino Justino de Neve, en la remodelación definitiva de Santa María Blanca de 1665, año en el que Murillo realizó para su mecenas y fundador del Hospital de los Venerables un bello retrato conservado en la National Gallery de Londres.

Justino de Neve National Galley 1665

Visto el buen hacer de Murillo, pintor por tanto más que consagrado por entonces –estos años de 1667 y 1668 de trabajo en la Sala Capitular coinciden de hecho con su encargo en Capuchinos, que pudimos ver en la exposición del Museo de Bellas Arte-, a propuesta pues de Justino de Neve, Murillo y su equipo no solo van a reparar las pinturas murales de la Sala sino que elaborarán nuevas creaciones: en lugar de restaurar los tondos de santos sevillanos de Pablo de Céspedes, se van a pintar ocho tondos nuevos, además de una Inmaculada Concepción para presidir la Sala, voluntad de un gran defensor del Inmaculadismo como fue Justino de Neve.

Santa Justa, Santa Rufina, San Pío, San Laureano, San Isidoro, San Leandro, San Hermengildo y un -¡atención, no lo será hasta 1671!- todavía no santo Fernando III, se representan pues en tondos elaborados por Murillo y su taller como modelos de conducta digna y sacrificada, con el fin de inspirar a los religiosos en su toma de decisiones canónigas. Pero la pintura que más destaca del conjunto es la Inmaculada, una de las creaciones más conseguidas del maestro sevillano. La Virgen está rodeada de una aureola de nubes de intensas tonalidades áureas y envuelta por una corte de angelitos que portan los símbolos lauretanos de la rosa, la palma y la azucena. La habilidosa gradación de la luminosidad ofrece un efecto de intensa perspectiva espacial, en un fondo inundado por una atmósfera vaporosa que refuerza el sentido ingrávido de la Virgen y los querubines. María sigue un prototipo femenino de hermosas facciones y armonía anatómica, en una actitud recogida y con la peculiaridad de que su mirada se dirige hacia abajo, hacia los escaños donde se reunían los canónigos.

La Sala Capitular es un espacio en fin clave, y no tan conocido, de la Catedral en el que interviene Murillo en el apogeo de su carrera, por el que también podrás pasar si visitas con GuiArte Sevilla la exposición hasta el 8 de diciembre de 2018 Murillo, la mirada de la Santidad.

Para conocer mucho más no os perdais durante este puente de la Inmaculada nuestra visita guiada a La Exposción de Murillo en la Catedral

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

– Beltrán Martínez, Luis; Quiles García, Fernando (eds.): Cartografía Murillesca, 2017

– Falcón Márquez, Teodoro: “El Canónigo Justino de Neve y la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla”, Laboratorio de arte nº23, 2011, pp. 589-598.

– Recio Mir, Álvaro: Sacrum Senatum: las Estancias Capitulares de la Catedral de Sevilla, 1999.

Posted on: diciembre 3, 2018, by :

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