Los mecenas de Murillo en la Catedral de Sevilla: el poderoso Cabildo catedralicio (I)

Murillo Catedral Sevilla

En el año de 1604, el arzobispo Fernando Niño de Guevara convoca un sínodo que va a cambiar para siempre la relación de la Catedral de Sevilla con la ciudad: tras esta reunión, se ordena que todas las cofradías de Semana Santa hagan estación en la Catedral. Este hecho, que es lo habitual hoy en día durante -con el permiso de la Feria- la festividad más importante de la ciudad, no comienza realmente hasta esta fecha, poco anterior al nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo. En cualquier caso, esta ordenanza confirma el papel del templo como centro litúrgico, devocional y, en consecuencia, artístico de la ciudad, ya que una catedral necesita ser decorada con retablos, esculturas o por supuesto pinturas, obras de arte en fin que dieran prestigio a la importancia del lugar.

Si bien los encargos artísticos de la Catedral fueron en ocasiones promovidos por los arzobispos –véanse por ejemplo las capillas funerarias que ayudan a definir el espacio catedralicio, como las del cardenal Cervantes o el obispo Escalas–,  lo cierto es que fueron sobre todo los miembros del Cabildo quienes hicieron del templo metropolitano uno de los grandes mecenas de la época y del propio pintor. Compuesto por auténticas élites locales, el Cabildo catedralicio contaba entre sus miembros, los llamados capitulares, con representantes de algunas de las familias más ricas de la ciudad, muchas de ellas enriquecidas con el comercio de Indias, como es el caso de Justino de Neve, fundador del Hospital de los Venerables Sacerdotes y amigo personal de Murillo, del que fue su vecino y albacea testamentario.

Pintar para la Catedral a través de sus capitulares supondría para Murillo acceder a una importantísima clientela que le podría proporcionar jugosos encargos. Pero ¿cómo da el salto Murillo de trabajar para conventos como el de los franciscanos a la Catedral? Una interesante obra marca el inicio de estas relaciones, la Última Cena, pintada en 1650 para la principal capilla externa de la Catedral durante el siglo XVII, Santa María la Blanca. Por aquel entonces, el capitular Mateo Coello de Vicuña ejercía como presidente de Capillas de la Catedral, encargado de supervisar los pagos y trabajos que se realizaban en estos espacios, incluida esta iglesia construida sobre una de las antiguas sinagogas de la ciudad. El San Pedro que aparece a la derecha de Jesucristo en esta pintura es de hecho un retrato de este capitular. El mismo Murillo, con apenas treinta años, se autorretrata como San Juan en el cuadro; parece así que la relación entre ambos estaba ya bastante afianzada. Mateo Coello de Vicuña sería por tanto, a raíz de este encargo, uno de los principales valedores de Murillo ante el Cabildo catedralicio.

Catedral Sevilla Murillo

Última Cena, 1650. Iglesia de Santa María la Blanca

Las primeras obras realizadas por Murillo expresamente para la Catedral se encuentran en las Sacristía Mayor, un espacio emblemático del conjunto catedralicio nacido por lo demás de decisivas aportaciones de los Capitulares. Finalizada un siglo antes del de Murillo, a mediados del XVI, la Sacristía Mayor de la Catedral es el primero de los espacios del Renacimiento del templo hispalense, una gran cúpula sobre pechinas que descansa sobre pechinas con forma de venera y columnas de inspiración clásica, todo ello profusamente decorado con motivos platerescos según un denso programa iconográfico que elaboró el canónigo Pedro Pinelo, por cierto hijo del factor de la Casa de la Contratación genovés Francisco Pinelo, otra muestra del origen mercantil de las ricas familias que en gran medida conformaban el Cabildo. Otro capitular de origen italiano y de formación humanista, don Juan Federigui, arcediano de Carmona, será a su vez quien ponga su vista en Murillo a la hora de materializar un importante encargo que tenía pensado parar la Catedral. Federigui habría escuchado con toda seguridad las recomendaciones que hacía Mateo Coello de Vicuña sobre el pintor y su arte, que era según el sacerdote “de la mayor aprobación desta dicha ciudad”.

Las pinturas son los retratos de San Leandro y San Isidoro, dos notables obispos sevillanos de época visigoda. Según la tradición, Murillo retrató en el enérgico San Leandro al apuntador de coro de la catedral, el licenciado Alonso de Herrera. San Isidoro por el contrario es representado en actitud estudiosa, concentrada y con aspecto de anciano venerable, aunque era de los dos el hermano menor. Ambos simbolizan así dos formas de enfrentarse a una cuestión que caracterizó en vida a ambos prelados, la lucha contra la herejía arriana, un mensaje que en opinión del promotor del encargo Juan Federigui era de plena actualidad, encontrándose España como nación católica en plena guerra contra otra herejía, la protestante en este caso, que distinguía a potencias rivales de la nación como Inglaterra u Holanda. Una interpretación de las pinturas compleja, solo comprensible en fin para un público culto, como era el de los capitulares de la catedral sevillana.

Sevilla Catedral Murillo

San Leandro, 1655. Sacristía Mayor de la Catedral

Murillo Catedral

San Isidoro, 1655

Los cuadros fueron colgados frente a frente en las paredes de la Sacristía el 25 de agosto de 1655, en un espacio privilegiado dentro de la Catedral donde muchos capitulares podrían comprobar con sus propios ojos la fama que precedía ya al pintor, posiblemente comentando cómo el artista había logrado captar la esencia de estos dos venerados patronos de la ciudad. A partir de este trabajo, Murillo va a gozar de la plena confianza capitular. En un breve plazo, al año siguiente de 1656, emprende la magna obra de la Visión de San Antonio que acabaría presidiendo la capilla de su nombre en la Catedral. El acceder Murillo a este significativo círculo de clientes sin duda afianzó su carrera y le ayudó a conseguir algunos de sus grandes encargos de madurez, como los de Santa María la Blanca, Capuchinos o el Hospital de la Caridad, en el primero de los cuales tendrá mucho que decir no obstante su buen amigo –y capitular- Justino de Neve.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

- Beltrán Martínez, Luis; Quiles García, Fernando (eds.): Cartografía Murillesca, 2017

- Falcón Márquez, Teodoro: “El Canónigo Justino de Neve y la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla”, Laboratorio de arte nº23, 2011, pp. 589-598.

- Recio Mir, Álvaro: Sacrum Senatum: las Estancias Capitulares de la Catedral de Sevilla, 1999.

Posted on: marzo 13, 2018, by :

2 thoughts on “Los mecenas de Murillo en la Catedral de Sevilla: el poderoso Cabildo catedralicio (I)

    1. Hola Isabel, para estar enterada de todas nuestras actividades puedes suscribirte a nuestro boletín informativo y te llegará periçodicamente nuestra programación. Un saludo y gracias por comentar!

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